La visita de Netanyahu a Washington: ¿qué se juega el petróleo en la reunión con Trump?
La reunión entre Benjamin Netanyahu y Donald Trump no decidirá por sí sola el precio del crudo. Sin embargo, puede modificar las expectativas sobre la guerra con Irán, la seguridad del estrecho de Ormuz y el riesgo que soportan petroleros, aseguradoras e infraestructuras energéticas.
Actualizado: 27 de julio de 2026
La visita del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu a Washington llega en un momento especialmente sensible para el mercado del petróleo.
Irán ocupa el primer lugar de la agenda prevista para su reunión con Donald Trump. El encuentro se produce después de varias semanas de ataques, pausas militares, contactos diplomáticos contradictorios y nuevas amenazas sobre algunas de las rutas energéticas más importantes del mundo.
La cuestión fundamental no es simplemente si Trump y Netanyahu se llevan bien o mal. El verdadero problema es que Estados Unidos e Israel pueden compartir adversario, pero no necesariamente comparten el mismo horizonte político, militar y económico.
Israel necesita demostrar que su campaña contra Irán ha producido resultados estratégicos. Trump, en cambio, necesita evitar que la guerra se transforme en un conflicto prolongado que eleve el precio del petróleo, la gasolina y la inflación.
De esa diferencia puede depender una parte importante de la evolución del crudo durante las próximas semanas.
Dos aliados con intereses distintos
Netanyahu llega a Washington con un objetivo evidente: mantener a Irán como prioridad estratégica de Estados Unidos.
Para Israel, cerrar el conflicto sin haber neutralizado suficientemente el programa nuclear iraní, su capacidad balística o su red de aliados regionales podría interpretarse como una victoria incompleta. Netanyahu tiene, por tanto, incentivos para mantener la presión militar y convencer a Trump de que una pausa demasiado larga permitiría a Irán reconstruir capacidades.
Trump observa el problema desde otro ángulo.
El presidente estadounidense ha detenido temporalmente los ataques y afirma que se están produciendo conversaciones positivas con Irán. Teherán, sin embargo, ha negado públicamente haber solicitado formalmente la reanudación de las negociaciones. Esto no excluye la existencia de contactos indirectos mediante países intermediarios, pero demuestra que todavía no existe un proceso diplomático transparente y consolidado.
Trump necesita mantener varias posiciones a la vez:
- demostrar firmeza frente a Irán;
- evitar que parezca una retirada estadounidense;
- impedir una guerra larga y costosa;
- limitar las bajas militares;
- contener el petróleo y la gasolina;
- evitar un nuevo repunte de la inflación.
Por tanto, la divergencia no consiste necesariamente en que Netanyahu quiera una guerra ilimitada y Trump quiera una paz inmediata.
La diferencia es más precisa:
Netanyahu necesita resultados estratégicos más contundentes, mientras Trump necesita controlar el coste económico y político de conseguirlos.
Por qué esta reunión afecta al petróleo
El petróleo no reacciona únicamente a los barriles que se pierden hoy. También reacciona a las probabilidades sobre lo que puede ocurrir mañana.
Durante los últimos días, el mercado ha ofrecido un ejemplo claro. El Brent llegó a superar los 100 dólares por barril cuando aumentaron los ataques y las amenazas sobre las rutas marítimas de Oriente Próximo. Posteriormente cayó con fuerza después de que Estados Unidos e Irán pausaran sus ataques directos y aumentaran las expectativas de negociación.
Esta caída no significa que el problema haya desaparecido.
Significa que el mercado ha reducido temporalmente la probabilidad de una escalada inmediata.
La visita de Netanyahu puede modificar esa percepción de varias maneras:
- Si Trump reafirma la pausa y prioriza la negociación, el mercado puede eliminar otra parte de la prima geopolítica.
- Si ambos anuncian una postura militar coordinada más dura, el petróleo puede recuperar rápidamente esa prima.
- Si no hay acuerdo claro, aumentará la volatilidad, porque cada declaración podrá interpretarse como un indicio de escalada o distensión.
- Si se adoptan medidas concretas para proteger la navegación, los seguros y las exportaciones, el impacto bajista podría ser más duradero.
Por eso no debemos analizar la reunión únicamente a través de sus declaraciones finales. Habrá que observar si produce decisiones operativas.
Ormuz: el centro del problema energético
El estrecho de Ormuz conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y el océano Índico. Es el punto de salida natural para gran parte del petróleo producido por Arabia Saudí, Irak, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Catar e Irán.
En 2024 circularon por esta ruta aproximadamente 20 millones de barriles diarios de petróleo y productos derivados, una cantidad equivalente a alrededor del 20 % del consumo mundial de líquidos petrolíferos.
Esto explica por qué Ormuz no es simplemente una ruta marítima importante. Es uno de los principales puntos de concentración de riesgo de la economía mundial.
Sin embargo, conviene distinguir entre tres situaciones:
1. Estrecho abierto
Los barcos navegan con normalidad, existe seguro disponible y los costes de transporte se mantienen cerca de sus niveles habituales.
2. Estrecho restringido
Algunos buques consiguen pasar, pero el tráfico es irregular, selectivo, peligroso o muy caro.
3. Cierre completo
El tránsito comercial queda prácticamente interrumpido.
La situación actual se parece más a un bloqueo funcional o una apertura muy restringida que a un cierre absoluto.
Además, los datos de seguimiento marítimo deben interpretarse con precaución. La Administración de Información Energética de Estados Unidos advierte de que las señales AIS utilizadas para localizar barcos se han vuelto especialmente poco fiables desde el inicio de la crisis. Algunos buques desconectan o alteran la señal por razones de seguridad, lo que dificulta conocer en tiempo real el volumen exacto que atraviesa la zona.
Por eso, afirmar que no pasa ningún barco sería excesivo. Pero afirmar que la ruta funciona con normalidad también sería incorrecto.
El mercado no espera a que vuelva el último barril
Existe una idea intuitiva, pero equivocada: si Ormuz continúa restringido, el petróleo necesariamente debe seguir subiendo.
El mercado funciona de otra manera.
El precio actual incorpora expectativas sobre:
- futuras negociaciones;
- reapertura progresiva del estrecho;
- escoltas militares;
- garantías públicas para aseguradoras;
- liberación de reservas estratégicas;
- aumento de producción en otros países;
- utilización de inventarios;
- posible caída de la demanda por los altos precios.
Esto explica que el petróleo pueda caer con fuerza aunque la situación física todavía no se haya normalizado.
La propia EIA ha señalado que el precio futuro dependerá tanto del ritmo de recuperación de los flujos por Ormuz como de la restauración de la producción cerrada durante el conflicto. También considera que una demanda mundial más débil puede limitar las subidas provocadas por las interrupciones de suministro.
Por tanto, Ormuz proporciona un soporte fundamental al petróleo, pero no garantiza una subida continua.
Una interrupción física puede ser alcista y, al mismo tiempo, el precio puede caer si el mercado anticipa que esa interrupción será temporal.
Los seguros pueden bloquear una ruta sin necesidad de cerrarla
Uno de los aspectos menos visibles de la crisis es el seguro marítimo.
Un petrolero no solo necesita combustible, tripulación y autorización para navegar. También necesita cobertura financiera frente a accidentes, daños, ataques, minas, misiles, drones, confiscaciones y pérdidas de carga.
Las pólizas ordinarias pueden excluir los riesgos de guerra. Cuando un barco entra en una zona peligrosa, debe contratar una cobertura adicional cuyo precio se calcula normalmente como porcentaje del valor del buque.
Durante la crisis, las primas de riesgo de guerra en Ormuz se dispararon desde el entorno del 0,1-0,25 % del valor del buque hasta el 2-3 % en marzo de 2026, y han seguido subiendo: a mediados de julio, el bróker Marsh sitúa el rango entre el 3 % y el 10 % del valor del casco, según el trayecto y el buque. Para un petrolero valorado en 250 millones de dólares, eso supone entre 7,5 y 25 millones de dólares adicionales por viaje. Antes del conflicto, una cobertura equivalente costaba cerca de 625.000 dólares.
Actualizado el 28-07-2026: el rango de primas se corrigió del 2-3 % (dato de marzo, Howden Re) al 3-10 % que publica Marsh en julio.
El problema no es únicamente el coste.
Puede llegar un momento en que:
- la aseguradora se niegue a ofrecer cobertura;
- la póliza sea cancelada con poca antelación;
- el armador rechace el viaje;
- la tripulación no acepte navegar;
- el comprador no quiera asumir el riesgo;
- el Estado tenga que proporcionar garantías extraordinarias.
En ese caso, el estrecho puede continuar técnicamente abierto, pero quedar económicamente inutilizado para una parte importante de la flota.
Estados Unidos ha tenido que respaldar un mecanismo de reaseguro marítimo para facilitar la recuperación del tráfico comercial, una señal de que el mercado privado no puede absorber por sí solo todo el riesgo extraordinario de la zona.
El oleoducto Este-Oeste saudí: la gran alternativa, pero no una solución completa
Arabia Saudí dispone de una infraestructura estratégica para reducir su dependencia de Ormuz.
El oleoducto Este-Oeste transporta crudo desde las zonas productoras del este del país hasta Yanbu, en la costa del Mar Rojo. Durante la crisis alcanzó una capacidad máxima aproximada de siete millones de barriles diarios.
Esta capacidad es enorme, pero no resuelve por completo el problema.
Primero, siete millones de barriles diarios no pueden sustituir los aproximadamente veinte millones que circulaban normalmente por Ormuz.
Segundo, la capacidad teórica no equivale siempre a capacidad adicional disponible. Parte del oleoducto ya puede estar utilizándose y las terminales, estaciones de bombeo, depósitos y puertos también tienen límites operativos.
La EIA estima que el conjunto de oleoductos disponibles para evitar Ormuz —principalmente las rutas saudí y emiratí— disponía de unos 2,6 millones de barriles diarios de capacidad efectiva no utilizada antes de una interrupción.
Tercero, sacar el petróleo por Yanbu desplaza el riesgo, pero no lo elimina.
El crudo que llega al Mar Rojo debe continuar su viaje por:
- Bab el-Mandeb hacia el océano Índico;
- el canal de Suez hacia Europa;
- el oleoducto egipcio SUMED;
- o una ruta mucho más larga rodeando África.
El segundo cuello de botella: Bab el-Mandeb y el Mar Rojo
El riesgo energético de Oriente Próximo ya no está concentrado únicamente en Ormuz.
Los ataques hutíes sobre buques e infraestructuras saudíes han añadido presión sobre el Mar Rojo y Bab el-Mandeb. Varios petroleros saudíes han modificado su ruta después de recibir amenazas, mientras que el coste de los seguros de guerra en la zona ha vuelto a aumentar.
El 27 de julio, los hutíes afirmaron haber atacado infraestructuras relacionadas con el transporte de petróleo entre el este de Arabia Saudí y Yanbu. La reivindicación está documentada, pero los daños físicos y su impacto operativo no se encontraban inicialmente confirmados por Saudi Aramco.
Esta distinción es crucial.
En un mercado tan sensible, una reivindicación puede mover los precios antes de que se conozca si:
- el ataque alcanzó realmente su objetivo;
- los daños fueron superficiales;
- se interrumpió el bombeo;
- existe capacidad redundante;
- la reparación puede realizarse rápidamente.
Un titular no equivale automáticamente a una pérdida de barriles.
Pero el riesgo acumulado sí es importante.
El escenario más peligroso no es un problema aislado en Ormuz, sino una interrupción simultánea de Ormuz, el oleoducto saudí y las rutas del Mar Rojo.
En ese caso, el sistema perdería al mismo tiempo su ruta principal y una parte de sus alternativas.
¿Qué puede conseguir Netanyahu en Washington?
Netanyahu tratará previsiblemente de convencer a Trump de que la presión sobre Irán no debe relajarse antes de obtener garantías suficientes.
Puede buscar:
- nuevas amenazas militares creíbles;
- apoyo estadounidense contra instalaciones nucleares;
- mayores medidas contra los misiles iraníes;
- sanciones adicionales;
- protección estadounidense frente a represalias;
- coordinación sobre Líbano, Siria y los aliados regionales de Irán.
Trump puede ofrecer algunas de estas medidas sin aceptar una nueva campaña militar abierta.
La solución intermedia más coherente con sus intereses sería combinar:
- negociación indirecta;
- amenaza de nuevos ataques;
- protección de rutas marítimas;
- presión económica;
- sanciones;
- operaciones militares limitadas;
- exigencias verificables sobre el programa nuclear.
Este enfoque permitiría a Trump mantener la presión sin comprometerse inmediatamente con una guerra prolongada.
Para el petróleo, esa solución produciría probablemente un mercado muy volátil: menos presión que durante una escalada abierta, pero una prima de riesgo superior a la de una normalización completa.
Tres posibles escenarios para el petróleo
Escenario 1: pausa militar y negociación prolongada
Trump mantiene la suspensión de los ataques mientras continúan contactos indirectos con Irán.
El tránsito por Ormuz mejora lentamente, pero los seguros siguen siendo caros y las navieras actúan con cautela.
Impacto probable:
- disminución parcial de la prima geopolítica;
- petróleo por debajo de sus máximos;
- volatilidad elevada;
- diferencias importantes entre precios regionales;
- mercado pendiente de cada incidente.
Este es el escenario más compatible con los intereses políticos inmediatos de Trump.
Escenario 2: acuerdo verificable y reapertura progresiva
Estados Unidos e Irán alcanzan compromisos sobre la seguridad marítima, el tránsito de buques y la reducción de ataques.
Las aseguradoras recuperan confianza, aumentan los viajes y se restaura gradualmente la producción cerrada.
Impacto probable:
- caída adicional del petróleo;
- reducción de los costes de transporte;
- descenso de las primas de guerra;
- mejora de la disponibilidad de crudos de Oriente Próximo;
- pérdida de parte de la ventaja de productores situados fuera del Golfo.
Para que este escenario sea creíble no bastarían las declaraciones. Tendrían que aumentar los flujos reales y mantenerse durante varias semanas.
Escenario 3: Netanyahu convence a Trump para aumentar la presión militar
Estados Unidos reanuda los ataques o permite una campaña israelí más amplia. Irán responde contra buques, terminales, oleoductos o países aliados de Washington.
Impacto probable:
- recuperación inmediata de la prima de guerra;
- aumento del Brent y de los fletes;
- nuevas cancelaciones de seguros;
- mayor demanda de crudo producido fuera del Golfo;
- riesgo creciente sobre la inflación mundial.
Una interrupción combinada de Ormuz y el Mar Rojo sería el escenario de mayor impacto.
Qué empresas petroleras podrían beneficiarse
Una crisis de Ormuz no beneficia por igual a todas las compañías petroleras.
Productores situados fuera de Oriente Próximo
Las empresas con producción en Canadá, Brasil, Estados Unidos, Guyana, Noruega o África Occidental pueden recibir precios internacionales más altos sin depender directamente de Ormuz para exportar.
En términos relativos, son las principales beneficiarias de una interrupción prolongada.
Productores de crudos medios y pesados
Una parte importante de las refinerías mundiales está diseñada para procesar crudos medios o pesados procedentes de Oriente Próximo.
Si esos barriles escasean, pueden aumentar el valor relativo de:
- crudos pesados canadienses;
- determinados crudos brasileños;
- crudos latinoamericanos;
- mezclas similares producidas fuera del Golfo.
Petroleras integradas
Las compañías que combinan producción, transporte y refino disponen de más herramientas para absorber la volatilidad.
La subida del crudo beneficia a la división de producción, aunque el resultado de las refinerías dependerá del coste de las materias primas, de los márgenes de refino y de la disponibilidad de productos.
Empresas muy endeudadas
Una subida del petróleo puede aumentar rápidamente su flujo de caja y permitirles reducir deuda.
Pero también presentan más riesgo.
Si la crisis se resuelve y el precio cae, su cotización puede sufrir mucho más que la de una empresa con balance sólido y costes bajos.
Por tanto, no debe confundirse:
La empresa que más puede subir con petróleo caro no siempre es la mejor inversión ajustada al riesgo.
Qué indicadores deberían vigilar los inversores
Para interpretar correctamente la visita de Netanyahu y sus consecuencias, conviene observar los siguientes indicadores:
1. Tráfico efectivo por Ormuz
No solo el número de barcos, sino también su tamaño, carga, origen y destino.
2. Producción cerrada en el Golfo
Un país puede disponer de petróleo bajo tierra, pero verse obligado a reducir producción si no puede exportarlo y sus depósitos se llenan.
3. Primas de seguro de guerra
Una reducción sostenida indicaría que el mercado considera menos probable una nueva escalada.
4. Fletes de petroleros
Los precios de los VLCC muestran cuánto cuesta transportar grandes cargamentos desde Oriente Próximo.
5. Utilización del oleoducto Este-Oeste
Es necesario saber no solo su capacidad máxima, sino cuánto petróleo está transportando realmente.
6. Actividad en Yanbu y Bab el-Mandeb
Yanbu solo funciona como alternativa completa si los buques pueden continuar navegando desde el Mar Rojo.
7. Estructura de futuros
Una backwardation intensa —precios inmediatos superiores a los futuros— puede indicar escasez física de barriles disponibles hoy.
8. Diferenciales regionales
La evolución de los descuentos y primas entre Brent, WTI, Dubai, Oman y los crudos canadienses ayuda a identificar dónde se concentra la escasez.
9. Importaciones de China
China es el principal comprador marginal de numerosos productores del Golfo. Una caída importante de sus compras puede amortiguar el impacto alcista de una interrupción.
10. Reservas estratégicas
Las liberaciones coordinadas pueden cubrir temporalmente parte de la oferta perdida, pero no constituyen una solución permanente.
La reunión importa, pero los barriles importan más
La visita de Netanyahu a Washington puede cambiar la dirección política del conflicto.
Una postura estadounidense más dura aumentaría el riesgo de nuevos ataques y devolvería parte de la prima geopolítica al petróleo.
Una apuesta clara por la negociación podría prolongar la corrección del crudo.
Pero ninguna fotografía, declaración o rueda de prensa resolverá por sí sola el problema energético.
Para que la situación se normalice deben cumplirse varias condiciones:
- navegación sostenida y segura por Ormuz;
- producción recuperada;
- seguros disponibles a precios razonables;
- normalización del oleoducto saudí;
- reducción de los ataques en el Mar Rojo;
- recuperación del tráfico por Bab el-Mandeb;
- acuerdos diplomáticos suficientemente verificables.
Mientras estas condiciones no se cumplan, el mercado continuará oscilando entre dos fuerzas:
- la esperanza de una desescalada;
- y el riesgo de una nueva interrupción física.
Conclusión
La visita de Netanyahu no debe interpretarse como una reunión diplomática más.
En Washington se enfrentan dos necesidades distintas.
Israel quiere evitar que Irán salga del conflicto conservando suficiente capacidad nuclear, balística y regional para reconstruir su posición.
Trump quiere impedir que la presión militar provoque una guerra larga, un petróleo demasiado caro y una nueva oleada inflacionaria.
El resultado más probable no es necesariamente una paz completa ni una guerra total, sino una situación intermedia: negociaciones, amenazas, pausas tácticas y episodios periódicos de escalada.
Para el petróleo, esto significa que la volatilidad puede permanecer elevada incluso si los precios se alejan temporalmente de sus máximos.
La clave no estará en quién pronuncie el discurso más contundente.
Estará en responder cuatro preguntas mucho más concretas:
- ¿Cuántos barriles consiguen salir?
- ¿Por qué rutas?
- ¿A qué coste?
- ¿Durante cuánto tiempo?
Mientras esas respuestas sigan siendo inciertas, la crisis de Ormuz continuará influyendo sobre el petróleo mundial.