Qué puede hacer caer ahora a las petroleras: los seis riesgos comunes que realmente importan

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Qué puede hacer caer ahora a las petroleras: los seis riesgos comunes que realmente importan

El mayor riesgo no es que desaparezca el petróleo, sino que regrese al mercado más rápido de lo esperado

La tesis alcista del petróleo continúa respaldada por unos inventarios relativamente reducidos, las interrupciones en los flujos del Golfo Pérsico y una situación geopolítica extraordinariamente inestable.

El 31 de julio de 2026, los futuros del Brent cotizaban alrededor de los 88 dólares por barril. Aunque el precio había retrocedido ligeramente por una mejora parcial del tráfico marítimo, todavía acumulaba una subida mensual cercana al 21%.

El mercado está reaccionando casi en tiempo real a los movimientos de los petroleros.

Cuando empeoran los ataques o disminuye el tránsito por el Estrecho de Ormuz, el petróleo sube. Cuando algunos barcos consiguen atravesar los principales estrechos, el precio pierde parte de la prima acumulada.

Esta situación revela tanto la fortaleza como la vulnerabilidad de la tesis actual.

Una parte del precio del petróleo no responde únicamente al consumo, los costes de producción o el nivel de los inventarios. Responde también al temor de que los barriles del Golfo no puedan salir al mercado, a los ataques contra instalaciones energéticas y a la posible extensión del conflicto hacia Bab el-Mandeb, el mar Rojo o el canal de Suez.

Por eso, el escenario bajista más peligroso para las compañías petroleras no requiere necesariamente una gran recesión mundial.

Puede comenzar simplemente con una normalización de los flujos.

Fuente: Reuters — El petróleo cae ante la mejora parcial del tráfico marítimo, 31 de julio de 2026.


1. Un acuerdo duradero que elimine la prima geopolítica

El primer riesgo es también el más inmediato.

El precio actual del petróleo incorpora una prima relacionada con:

  • el conflicto entre Estados Unidos e Irán;
  • las restricciones en el Estrecho de Ormuz;
  • los ataques contra buques e instalaciones;
  • los problemas de navegación por Bab el-Mandeb;
  • el aumento de los costes de transporte y seguros;
  • y el temor a nuevas interrupciones del suministro.

Esa prima puede desaparecer mucho antes de que se recupere completamente la producción.

El mercado no necesita esperar a que todos los barriles vuelvan físicamente. Basta con que aumente la probabilidad de:

  • un alto el fuego duradero;
  • garantías de navegación;
  • una reapertura estable de Ormuz;
  • una reducción de los ataques;
  • o algún tipo de acuerdo entre Estados Unidos e Irán.

Durante junio ya se observó este comportamiento.

Cuando aumentó el tráfico por Ormuz y mejoraron las expectativas de normalización, el precio del crudo del mar del Norte cayó aproximadamente 31 dólares por barril desde sus máximos mensuales.

El North Sea Dated llegó a situarse cerca de los 68 dólares, por debajo incluso de los niveles anteriores al inicio de la guerra.

La caída se produjo antes de que toda la producción perdida hubiera regresado al mercado. Lo que cambió fue la expectativa sobre la disponibilidad futura de los barriles.

Esto demuestra una característica esencial de los mercados financieros:

El precio no espera a que la normalización se complete. Reacciona cuando aumenta la probabilidad de que se produzca.

Qué significaría para las petroleras

Una reducción de la prima geopolítica afectaría prácticamente a todo el sector:

  • caería el valor esperado de la producción futura;
  • disminuirían las previsiones de flujo de caja;
  • se moderarían las expectativas de dividendos y recompras;
  • y el mercado reduciría los múltiplos que está dispuesto a pagar por las compañías.

Las productoras puras sufrirían de forma más directa, pero incluso las petroleras integradas y las empresas de infraestructura podrían verse afectadas por una reducción general del interés inversor hacia el sector energético.

Fuentes:


2. El regreso de la producción del Golfo y de la OPEP+

La eliminación de la prima geopolítica sería el primer impacto financiero.

Después llegaría el efecto físico: el retorno de la producción que actualmente permanece cerrada, restringida o desconectada del mercado internacional.

La producción mundial aumentó en junio aproximadamente 4,1 millones de barriles diarios gracias a la recuperación parcial de los flujos por el Estrecho de Ormuz.

Aun así, continuaba alrededor de 9,4 millones de barriles diarios por debajo de los niveles anteriores a la guerra.

Esto significa que todavía existe un volumen considerable susceptible de regresar al mercado.

La EIA calcula que los cierres de producción alcanzaron aproximadamente 11,2 millones de barriles diarios en mayo y que todavía promediaron unos 8,3 millones diarios durante junio.

Su escenario central de julio asumía que la mayor parte de la producción y los flujos comerciales se aproximarían a la normalidad a finales de 2026, y que la mayoría de la producción cerrada regresaría durante el primer trimestre de 2027.

El riesgo bajista no requiere que la OPEP+ anuncie inmediatamente un gran aumento de sus cuotas.

Puede materializarse gradualmente mediante:

  • recuperación de campos cerrados;
  • reanudación de exportaciones;
  • salida de petroleros que permanecían bloqueados;
  • reparación de instalaciones;
  • mayor utilización de oleoductos y rutas alternativas;
  • y recuperación progresiva de la producción de los miembros de la OPEP+.

Según la Agencia Internacional de la Energía, los ocho países de la OPEP sujetos a cuotas produjeron en junio alrededor de 6,6 millones de barriles diarios menos que su objetivo conjunto.

La mayor parte de esa diferencia se concentraba en Irak, Kuwait y Arabia Saudí.

No se trata necesariamente de capacidad excedentaria que pueda activarse de forma inmediata. Una parte corresponde a instalaciones dañadas, problemas logísticos o barriles que no pueden exportarse.

Pero si una proporción importante de esa producción regresara al mercado, la escasez actual podría reducirse con rapidez.

El riesgo adicional de una lucha por la cuota de mercado

Existe un segundo peligro.

Una vez normalizados los flujos, algunos productores podrían priorizar la recuperación de su cuota de mercado frente a la defensa del precio.

Durante una crisis, los países productores aceptan reducir o perder temporalmente producción porque no pueden exportarla.

Cuando la crisis termina, todos quieren recuperar simultáneamente sus ingresos y sus clientes.

El escenario sería especialmente bajista si coincidieran:

  • recuperación de la producción del Golfo;
  • producción por encima de las cuotas;
  • competencia por recuperar clientes asiáticos;
  • y menor crecimiento de la demanda mundial.

Fuentes:


3. La destrucción de demanda ya observada, especialmente en Asia

La destrucción de demanda no es únicamente una posibilidad futura.

Ya se ha producido.

Los elevados precios, las dificultades para acceder al suministro y las medidas gubernamentales destinadas a reducir el consumo han debilitado el uso mundial de combustibles.

La EIA estima que el consumo global de petróleo podría disminuir alrededor de 1,2 millones de barriles diarios en 2026.

La IEA calcula una contracción anual cercana a un millón de barriles diarios.

La OPEP mantiene una visión mucho más optimista y todavía espera un crecimiento de la demanda mundial de aproximadamente 800.000 barriles diarios.

La diferencia entre una caída de 1,2 millones y un crecimiento de 800.000 barriles diarios representa una distancia de unos dos millones de barriles diarios entre las previsiones.

En un mercado donde variaciones mucho menores pueden transformar un déficit en un superávit, esta discrepancia es extraordinariamente importante.

No sabemos todavía cuál de las previsiones se aproximará más a la realidad.

Pero la distancia entre ellas demuestra que existe una incertidumbre excepcional sobre la demanda.

China es la pieza central

China es el mayor importador mundial de petróleo y una de las principales fuentes de crecimiento de la demanda.

Sus importaciones de crudo descendieron en junio hasta aproximadamente 7,12 millones de barriles diarios:

  • el nivel más bajo desde octubre de 2016;
  • un 41,3% menos que un año antes;
  • y muy por debajo de los aproximadamente once o doce millones de barriles diarios habituales antes de la guerra.

Parte de esta caída es consecuencia directa de las dificultades para importar petróleo desde Oriente Medio.

Pero no toda.

También han influido varios factores relacionados con el consumo y el funcionamiento de la economía china.

Menor actividad de las refinerías

Las refinerías procesaron alrededor de 12,47 millones de barriles diarios en junio, un 17,7% menos que un año antes y el nivel más bajo desde marzo de 2020.

Cuando las refinerías procesan menos petróleo, compran menos crudo para transformarlo en:

  • gasolina;
  • diésel;
  • combustible de aviación;
  • productos petroquímicos;
  • y otros derivados.

Debilidad de la demanda interna

El consumo de combustibles se ha visto afectado por:

  • la desaceleración de determinados sectores industriales;
  • la debilidad de la construcción;
  • la crisis inmobiliaria;
  • y una actividad económica menos intensiva en diésel.

Restricciones a las exportaciones de productos refinados

China limitó temporalmente la exportación de gasolina, diésel y otros productos para asegurar el abastecimiento interno.

Si las refinerías no pueden vender fuera del país el combustible que producen, tienen menos incentivos para aumentar sus compras de crudo.

Sustitución mediante vehículos eléctricos

La electrificación también está reduciendo progresivamente el consumo de combustibles.

Los vehículos eléctricos e híbridos representaron alrededor del 62% de las ventas de automóviles nuevos en China durante junio.

El parque total de vehículos todavía depende mayoritariamente de la gasolina, pero el efecto marginal sobre el crecimiento de la demanda ya es significativo.

Utilización de inventarios acumulados

China había almacenado cantidades importantes de petróleo antes de la guerra.

Esto le ha permitido reducir las importaciones y utilizar parte de las reservas acumuladas, evitando competir agresivamente por los barriles disponibles en el mercado internacional.

Por tanto, sería un error asumir que las compras chinas volverán automáticamente a sus niveles anteriores cuando se normalice Ormuz.

China podría recuperar parte de las importaciones, pero también ha demostrado que puede operar durante un periodo prolongado comprando menos petróleo del que esperaba el mercado.

Qué debemos vigilar

No basta con observar las importaciones chinas de crudo.

Hay que estudiar conjuntamente:

  • Importaciones: cuánto petróleo entra en el país desde el exterior.
  • Actividad de las refinerías: cuánto petróleo se transforma en combustibles y otros productos.
  • Inventarios: cuánto crudo se almacena o se retira de las reservas.
  • Consumo de gasolina y diésel: la demanda real de combustibles.
  • Producción industrial: la actividad de fábricas y empresas.
  • Tráfico y transporte: el movimiento de personas y mercancías.
  • Exportaciones de productos refinados: cuánto combustible se vende al exterior.

Una recuperación de las importaciones destinada únicamente a rellenar inventarios no tendría la misma calidad que un aumento respaldado por un crecimiento real del consumo.

Fuentes:


4. Crecimiento de la producción no OPEP

Mientras Oriente Medio ha perdido producción, otros países han aumentado su oferta y han contribuido a evitar una escasez todavía mayor.

La producción procedente de América del Norte y América del Sur ha compensado parcialmente la pérdida de barriles del Golfo.

La OPEP prevé que la producción de líquidos de los países que no participan en sus acuerdos de recortes aumente alrededor de 600.000 barriles diarios tanto en 2026 como en 2027.

Los principales motores del crecimiento durante 2026 serían:

  • Estados Unidos;
  • Brasil;
  • Canadá;
  • y Argentina.

Durante 2027 se añadiría también Qatar entre los principales contribuyentes.

Este factor es importante porque estos barriles pueden continuar creciendo aunque la OPEP+ intente limitar su producción.

El escenario bajista aparecería si coincidieran:

  1. la recuperación de los flujos del Golfo;
  2. el mantenimiento de la producción estadounidense en niveles récord;
  3. el crecimiento de Brasil, Canadá y Argentina;
  4. y una demanda mundial que no recuperara completamente lo perdido.

La producción estadounidense alcanzó aproximadamente 13,93 millones de barriles diarios en abril de 2026.

La EIA prevé una producción media de aproximadamente 13,8 millones de barriles diarios en 2026 y de 14 millones en 2027.

La amenaza no es necesariamente una nueva explosión inmediata del shale estadounidense.

El número de pozos perforados pendientes de completar es relativamente reducido y el sector mantiene una mayor disciplina financiera que durante ciclos anteriores.

El riesgo es la suma gradual de numerosos incrementos de oferta:

  • shale estadounidense;
  • presal brasileño;
  • arenas petrolíferas canadienses;
  • Vaca Muerta en Argentina;
  • y nuevos proyectos convencionales.

Por separado, cada incremento puede parecer asumible.

Pero juntos pueden añadir suficiente producción como para desequilibrar un mercado cuya demanda se ha debilitado.

Fuentes:


5. El paso desde la reducción de inventarios hacia un nuevo superávit

Actualmente no existe un exceso claro de inventarios comerciales.

Los inventarios comerciales estadounidenses de crudo descendieron hasta aproximadamente 404,5 millones de barriles durante la semana terminada el 24 de julio.

Esto supone:

  • una caída semanal de 7,2 millones de barriles;
  • el nivel más bajo desde 2018;
  • y una situación todavía ajustada en términos históricos recientes.

Los inventarios terrestres mundiales también han sufrido descensos importantes.

Por tanto, afirmar que actualmente sobra petróleo sería incorrecto.

El riesgo no está en el nivel actual, sino en la dirección futura.

El petróleo almacenado o transportado sobre el agua

En junio, los inventarios mundiales observados aumentaron por primera vez en cuatro meses.

El aumento fue de aproximadamente 21 millones de barriles.

Sin embargo, el movimiento no se produjo porque se llenaran rápidamente los depósitos terrestres.

Se debió principalmente al incremento del petróleo que se encontraba:

  • cargado en petroleros;
  • navegando hacia los mercados consumidores;
  • esperando para descargar;
  • o almacenado temporalmente sobre el agua.

La IEA calcula que el volumen de petróleo sobre el agua aumentó alrededor de 117 millones de barriles durante junio.

Al mismo tiempo, los inventarios terrestres continuaron descendiendo aproximadamente 96 millones.

Esto refleja un mercado en transición:

  • todavía existe escasez en determinados lugares;
  • pero aumenta el petróleo en tránsito;
  • comienzan a salir los petroleros retenidos;
  • y los flujos comerciales se reorganizan.

La EIA estimaba en julio que los inventarios mundiales todavía disminuirían unos 2,2 millones de barriles diarios durante el tercer trimestre.

Sin embargo, bajo su escenario de normalización, comenzarían a aumentar:

  • unos 2,7 millones de barriles diarios durante el cuarto trimestre de 2026;
  • y aproximadamente cinco millones de barriles diarios durante 2027.

Estas cifras no deben tratarse como una predicción segura.

Dependen de que se normalicen los flujos, regrese la producción y no se produzca una nueva escalada militar.

Pero muestran el tamaño potencial del riesgo.

Un aumento de inventarios de cinco millones de barriles diarios sería extraordinariamente bajista y difícilmente sostenible durante todo el año sin provocar una fuerte caída del precio o una nueva intervención de la OPEP+.

La curva de futuros como señal adelantada

Antes de que el exceso de petróleo aparezca completamente en los inventarios oficiales, suele reflejarse en la curva de futuros.

Cuando los contratos próximos cotizan por encima de los contratos más lejanos existe backwardation.

La backwardation suele indicar que los compradores valoran especialmente los barriles disponibles de forma inmediata.

Cuando los contratos futuros cotizan por encima de los próximos aparece contango.

El contango puede indicar que:

  • existe menos urgencia por comprar petróleo;
  • aumenta la disponibilidad inmediata;
  • y resulta rentable adquirir crudo, almacenarlo y venderlo en el futuro.

Durante la normalización parcial de junio, los diferenciales próximos regresaron temporalmente al contango.

Una entrada persistente en contango sería una señal bajista más importante que una acumulación aislada de inventarios durante una sola semana.

Fuentes:


6. Nuevas liberaciones de reservas estratégicas

Las reservas estratégicas no pueden solucionar un déficit estructural de petróleo de forma permanente.

Pero sí pueden suavizar una crisis durante varios meses, sustituir temporalmente parte de la producción perdida y limitar las subidas del precio.

Los países de la Agencia Internacional de la Energía utilizaron una parte importante de sus reservas de emergencia durante la crisis.

La IEA calcula que unos 44 millones de barriles de la reducción de inventarios de la OCDE durante junio procedieron de reservas gubernamentales.

Estados Unidos también liberó petróleo de su Reserva Estratégica como parte de una actuación coordinada internacionalmente.

Estas medidas ayudaron a:

  • abastecer a las refinerías;
  • compensar parte de las interrupciones;
  • reducir el riesgo de escasez inmediata;
  • y evitar una subida todavía mayor del precio.

Este riesgo tiene límites claros:

  • las reservas no son infinitas;
  • ya se ha utilizado una parte significativa;
  • y los Gobiernos deben conservar un nivel mínimo de seguridad energética.

Además, cada barril liberado hoy deberá ser repuesto en el futuro, lo que podría crear demanda adicional cuando los precios bajen.

Por eso las reservas estratégicas no deben considerarse el principal riesgo bajista a largo plazo.

Sin embargo, continúan siendo un instrumento capaz de contener temporalmente el precio.

Su efecto sería especialmente importante si las nuevas liberaciones coincidieran con:

  • una desescalada militar;
  • una recuperación de la producción del Golfo;
  • una mejora del tráfico marítimo;
  • y una demanda china todavía débil.

Fuentes:


El escenario bajista realmente peligroso

Ninguno de estos factores tiene por qué provocar por sí solo un hundimiento prolongado del sector.

La amenaza sería su combinación.

El escenario adverso podría desarrollarse así:

  1. Estados Unidos e Irán alcanzan un acuerdo más estable.
  2. Mejora la seguridad en el Estrecho de Ormuz.
  3. Desaparece rápidamente parte de la prima geopolítica.
  4. Regresan varios millones de barriles diarios de producción del Golfo.
  5. Los países de la OPEP+ intentan recuperar producción y cuota de mercado.
  6. Estados Unidos, Brasil, Canadá y Argentina mantienen su crecimiento.
  7. La demanda china recupera menos de lo esperado.
  8. Los inventarios dejan de caer y comienzan a acumularse.
  9. La curva del petróleo pierde la backwardation y entra en contango.
  10. El Brent converge hacia precios considerablemente inferiores.
  11. El mercado revisa a la baja el flujo de caja, los dividendos y las recompras del sector.

Este escenario no supone que el mundo deje de necesitar petróleo.

Tampoco supone que la demanda mundial vaya a desaparecer o que la transición energética pueda sustituir inmediatamente los combustibles fósiles.

Supone algo mucho más sencillo:

Durante un periodo concreto, la oferta disponible crece más rápidamente que el consumo.

Eso sería suficiente para provocar una corrección importante en el precio del petróleo y en las cotizaciones de las compañías del sector.


El cuadro de mando que deberíamos vigilar

IndicadorSeñal bajista relevanteFuente para su seguimiento
Negociaciones entre Estados Unidos e IránAcuerdo duradero, alto el fuego o garantías de navegaciónReuters — Situación de las negociaciones y del mercado petrolero
Tráfico por OrmuzRecuperación sostenida del número de petroleros y de las exportacionesWindward control tráfico marítimo
Producción del GolfoRegreso rápido de campos cerrados y recuperación de las exportacionesIEA — Oil Market Report
Producción de la OPEP+Recuperación hacia las cuotas o producción por encima de los compromisosOPEP — Monthly Oil Market Report
ChinaImportaciones y actividad de las refinerías persistentemente débilesAduanas de China — Informes mensuales y Oficina Nacional de Estadística — Producción energética
Demanda mundialNuevas revisiones descendentes de las previsiones de consumoIEA, EIA y OPEP
Producción no OPEPCrecimiento superior al previsto en Estados Unidos, Brasil, Canadá o ArgentinaEIA — Short-Term Energy Outlook y OPEP — Monthly Oil Market Report
Inventarios estadounidensesPaso de retiradas a acumulaciones sostenidas de crudo y productosEIA — Weekly Petroleum Status Report
Mercado estadounidenseAumento de producción, importaciones o existencias por encima de la demandaEIA — This Week in Petroleum
Petróleo sobre el aguaAumento prolongado de cargamentos en tránsito o almacenamiento flotanteIEA — Oil Market Report
Curva de futurosPérdida de backwardation y contango persistenteCME Group — Futuros de petróleo
Reservas estratégicasNuevas liberaciones coordinadas para contener el precioIEA — Inventarios de los países miembros y respuesta de emergencia

Conclusión

El principal riesgo para las petroleras en la situación actual no es una recesión hipotética, un dólar fuerte o un problema operativo aislado.

Es la posible transición desde un mercado condicionado por la guerra hacia otro en el que los barriles regresen más rápidamente que la demanda.

La tesis bajista común al sector se resume en una combinación:

Desescalada geopolítica, normalización de la producción, demanda debilitada y posterior acumulación de inventarios.

Mientras Ormuz continúe restringido, los inventarios sigan descendiendo y una parte importante de la producción del Golfo permanezca fuera del mercado, la tesis alcista conservará un soporte considerable.

Pero si se normalizan simultáneamente los flujos y la producción, sin una recuperación equivalente de China y del consumo mundial, el equilibrio podría girar con mucha rapidez.

El inversor no debe limitarse a preguntar cuánto petróleo queda bajo tierra.

Debe vigilar:

  • cuántos barriles pueden regresar al mercado;
  • en cuánto tiempo pueden hacerlo;
  • cuánto está creciendo la producción fuera de la OPEP;
  • y si existe demanda suficiente para absorberlos.

La tesis petrolera no queda invalidada porque existan estos riesgos.

Pero una tesis alcista solo está completa cuando sabemos qué acontecimientos podrían hacerla fracasar.


Este contenido tiene una finalidad exclusivamente educativa y divulgativa. No constituye asesoramiento financiero ni una recomendación de compra o venta de valores.

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