La Reserva Estratégica de EE. UU. cae a mínimos de 1983: el flujo que puede cambiar el petróleo
Durante meses, la reserva estadounidense ha aportado petróleo extraordinario al mercado. Cuando termine el drenaje desaparecerá esa oferta temporal; después, parte de los barriles prestados tendrá que regresar a las cavernas. Pero el efecto dependerá de Ormuz, China y la demanda mundial.
Estados Unidos no se está quedando sin petróleo.
Continúa siendo uno de los mayores productores del mundo, dispone de inventarios comerciales y conserva más de 300 millones de barriles en su Reserva Estratégica de Petróleo.
Pero sí está utilizando con rapidez el instrumento diseñado para ganar tiempo cuando una crisis interrumpe el suministro mundial.
La Reserva Estratégica de Petróleo de Estados Unidos —la Strategic Petroleum Reserve, o SPR— cayó hasta 307,65 millones de barriles en la semana terminada el 24 de julio de 2026. Es su nivel más bajo desde marzo de 1983 y representa alrededor del 42 % del máximo histórico de 726,6 millones de barriles alcanzado en 2009.

El dato llama la atención, pero el nivel de la reserva no es lo más importante para el mercado.
La verdadera pregunta es qué ocurrirá cuando deje de salir petróleo de las cavernas y comience el proceso contrario: la devolución de los barriles prestados.
Durante unos meses, la SPR ha funcionado como una fuente extraordinaria de oferta. Cuando ese flujo termine, el mercado perderá un vendedor temporal. Después, las empresas que recibieron el crudo deberán devolverlo, junto con una prima adicional en barriles.
Primero desaparece una fuente de oferta. Después aparece un nuevo destino para el petróleo producido.
Ese cambio puede sostener el precio del crudo, especialmente si el estrecho de Ormuz continúa funcionando por debajo de su capacidad normal.
Pero no garantiza por sí solo una subida. Hay que entender el mecanismo completo.
Cómo interpretar el gráfico
El panel superior representa el inventario total almacenado en la Reserva Estratégica.
La SPR comenzó a llenarse a finales de la década de 1970, superó los 500 millones de barriles durante los años ochenta y alcanzó un máximo de 726,6 millones en diciembre de 2009.
Después permaneció cerca de los 700 millones durante varios años, hasta que comenzaron las ventas ordenadas por el Congreso y las grandes liberaciones de emergencia.
La caída se aceleró en 2022, cuando Estados Unidos liberó 180 millones de barriles tras la invasión rusa de Ucrania. Después de una reposición parcial en 2024 y 2025, la nueva crisis de Oriente Próximo volvió a invertir la dirección de la reserva. La GAO señala que casi el 70 % de todos los barriles liberados desde 1985 salió entre 2014 y 2025, incluso antes de contar el programa actual.
El panel inferior muestra la variación semanal.
- Las barras por encima de cero indican reposición.
- Las barras por debajo de cero indican extracción.
- Cuanto mayor es la barra negativa, más petróleo ha salido durante esa semana.
En mayo de 2026 se produjeron dos récords consecutivos:
- 8,61 millones de barriles en la semana del 8 de mayo.
- 9,92 millones en la semana del 15 de mayo.
El segundo drenaje equivale a un flujo medio aproximado de 1,42 millones de barriles diarios durante siete días. Nunca se había registrado una extracción semanal tan elevada en la serie de la EIA.
Desde finales de marzo hasta el 24 de julio, la reserva perdió aproximadamente 107 millones de barriles, un promedio cercano a 900.000 barriles diarios.
No todo ese crudo habría sustituido directamente una pérdida de oferta física. Parte pudo desplazar importaciones, modificar inventarios comerciales o cambiar el destino de otros barriles. Pero el resultado agregado es claro: durante varios meses, el mercado recibió una fuente adicional de petróleo que no procedía de nueva producción.
Por qué se abrió la reserva
La liberación respondió a la grave interrupción del mercado provocada por el conflicto en Oriente Próximo y la fuerte reducción del tránsito por el estrecho de Ormuz.
En marzo, los 32 miembros de la Agencia Internacional de la Energía acordaron poner a disposición del mercado 400 millones de barriles de reservas de emergencia, la mayor actuación coordinada de su historia. Estados Unidos se comprometió a aportar 172 millones de barriles de la SPR.
La medida perseguía varios objetivos:
- compensar una parte del suministro perdido;
- proporcionar crudo a las refinerías;
- contener el precio internacional;
- limitar el traslado del shock a la gasolina;
- ganar tiempo para reorganizar rutas, producción e inventarios.
La SPR no podía sustituir todos los barriles interrumpidos en Ormuz. Su función era amortiguar el golpe mientras el mercado se adaptaba.
Y eso es importante: la reserva no resolvió el problema de Ormuz; compró tiempo.
No se trata principalmente de una venta
Una parte esencial de la operación se está realizando mediante intercambios o préstamos de petróleo, conocidos como exchanges.
En un intercambio, una empresa recibe crudo de la SPR y se compromete a devolver posteriormente:
- un volumen de calidad equivalente;
- más una cantidad adicional como prima.
La prima funciona de forma parecida a un interés pagado en petróleo, no en dinero. El Departamento de Energía explica que los contratos determinan tanto la cantidad adicional como la fecha de devolución.
Por ejemplo, una de las adjudicaciones anunciadas en mayo permitió intercambiar 53,3 millones de barriles y aseguró una prima adicional de aproximadamente 15,1 millones, equivalente a un retorno cercano al 28 % sobre ese lote concreto. Esa proporción no tiene por qué repetirse en todos los contratos, pero muestra que la cantidad que regresará puede superar claramente a la entregada.
Por tanto, no es correcto describir todo el programa como una simple venta definitiva.
Los barriles salen hoy para aliviar una emergencia, pero una parte debe regresar posteriormente.
El número almacenado no es el número realmente utilizable
La cifra de 307,65 millones de barriles puede crear una falsa sensación de precisión.
No todos esos barriles están necesariamente disponibles al mismo tiempo ni pueden entregarse a la misma velocidad.
La SPR no es un depósito convencional. El petróleo se encuentra almacenado en cavernas excavadas en formaciones de sal a miles de metros de profundidad. Para extraerlo, se bombea agua al interior de la caverna y se desplaza el crudo hacia la superficie.
La capacidad real depende de numerosos elementos:
- integridad de las cavernas;
- estado de los pozos;
- bombas y tuberías;
- suministro de agua;
- sistemas de salmuera;
- presión de vapor del crudo;
- capacidad de mezcla;
- conexiones con oleoductos;
- disponibilidad de terminales;
- capacidad de las refinerías para recibirlo.
La Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno estadounidense —la GAO— concluyó que, a finales de 2025, más de una cuarta parte del inventario no estaba disponible para extracción debido a obras y cavernas fuera de servicio.
También estimó que la capacidad efectiva de extracción era de aproximadamente 2,7 millones de barriles diarios, frente a una capacidad de diseño de 4,415 millones. Es decir, la reserva podía operar aproximadamente al 61 % de su tasa teórica de extracción. La capacidad efectiva de distribución era todavía menor en relación con su diseño: 3,35 millones de barriles diarios frente a 6,36 millones.
Estos datos corresponden a finales de 2025 y no permiten calcular exactamente cuánto petróleo es accesible hoy. Las obras, el reparto entre cavernas y los niveles de inventario han cambiado desde entonces.
Por eso no afirmaría que quedan exactamente 208 millones de barriles utilizables.
La conclusión rigurosa es esta:
El inventario oficial es superior al volumen que podría movilizarse inmediatamente, y la velocidad de entrega está claramente por debajo de su capacidad teórica.
Para entender por qué el límite físico y el límite operativo no son lo mismo, puede consultarse también:

La SPR no está vacía, pero su amortiguador es menor
Decir que Estados Unidos se ha quedado sin capacidad de respuesta sería incorrecto.
Más de 300 millones de barriles continúan siendo un volumen considerable. Además, Estados Unidos produce mucho más petróleo que cuando se creó la reserva y depende menos de las importaciones procedentes del golfo Pérsico.
Pero el país sigue expuesto al precio mundial.
Aunque el petróleo consumido en Estados Unidos se produzca en Texas, Dakota del Norte o Canadá, su precio se relaciona con los mercados internacionales. Una interrupción importante en Oriente Próximo puede elevar el Brent, el WTI, los productos refinados y la gasolina estadounidense.
La propia GAO señala que la función moderna de la SPR ya no consiste únicamente en evitar una escasez física dentro del país. También busca reducir el impacto económico de una subida mundial de precios.
El problema no es que la reserva haya perdido toda su utilidad.
El problema es que el próximo shock puede llegar con:
- menos inventario;
- menor capacidad efectiva de extracción;
- instalaciones sometidas a obras;
- mantenimiento acumulado;
- una parte del crudo con problemas de entrega;
- menos margen para repetir rápidamente otro programa de gran escala.
El “seguro” sigue existiendo, pero su cobertura es menor.
Primera inversión del flujo: desaparece la oferta extraordinaria
Durante la fase de extracción, la SPR añade barriles al mercado.
Ese flujo puede:
- compensar parte de la oferta perdida;
- reducir la necesidad de importaciones;
- aumentar la disponibilidad para las refinerías;
- suavizar los diferenciales físicos;
- contener parcialmente el precio del crudo y de los combustibles.
Cuando termina el programa no es necesario que aparezca un nuevo problema para que cambie el equilibrio.
Simplemente desaparece una fuente de oferta que había estado presente durante meses.
Si el mercado recibía aproximadamente 900.000 barriles diarios de media procedentes de la reserva y deja de recibirlos, el balance se ajusta en esa misma dirección, salvo que otra fuente ocupe su lugar.
Puede hacerlo:
- una recuperación de Ormuz;
- un aumento de producción;
- una reducción de demanda;
- una liberación de inventarios de otro país;
- o una combinación de todos ellos.
Pero si ninguna de estas compensaciones aparece, la desaparición del flujo de la SPR es alcista en el margen.
Segunda inversión del flujo: los barriles deben regresar
La siguiente fase es más lenta, pero igualmente importante.
Cuando comiencen las devoluciones, parte del petróleo disponible tendrá que desviarse hacia las cavernas.
Esto no significa necesariamente que el Departamento del Tesoro salga a comprar cientos de millones de barriles en el mercado spot.
Las empresas que recibieron el crudo son las obligadas a devolverlo según sus contratos. Esas compañías podrán obtener los barriles mediante producción propia, compras, intercambios o importaciones.
Pero económicamente el efecto es similar:
Parte del crudo que podría haberse destinado a refinerías, exportaciones o inventarios comerciales pasa a tener como destino la SPR.
La previsión de julio de la EIA refleja claramente esta transición.
El organismo estima que la reserva podría terminar 2026 cerca de 282,9 millones de barriles y recuperarse hasta aproximadamente 386,1 millones al cierre de 2027. La trayectoria prevista no es lineal: la EIA contempla que la mayor parte de la recuperación se concentre durante la segunda mitad de 2027.
Esto confirma dos ideas:
- el drenaje todavía puede continuar;
- la posterior reconstrucción será una fuente de demanda o de retirada de oferta comercial.
Sin embargo, no ocurrirá de golpe. Las devoluciones dependerán de contratos, calendarios, disponibilidad de crudo, condiciones de mercado y decisiones políticas.
China es el segundo reloj del mercado
Estados Unidos y China han respondido al shock de maneras diferentes.
Estados Unidos ha aumentado temporalmente la oferta mediante la SPR.
China ha utilizado en mayor medida sus inventarios y ha reducido las compras exteriores.
La EIA estima que China acumuló durante 2025 alrededor de 1,1 millones de barriles diarios y terminó el año con cerca de 1.400 millones de barriles entre existencias estratégicas y comerciales. Esta cifra es una estimación, porque Pekín no publica información completa sobre sus reservas.
Durante la fase más grave de la crisis, las importaciones chinas de crudo disminuyeron aproximadamente un 40 % entre febrero y mayo, unos 4,6 millones de barriles diarios. Esa reducción ayudó a compensar la pérdida de suministro procedente del Golfo.
Las dos estrategias reducen la presión sobre el mercado, pero producen consecuencias distintas:
Estados Unidos
- extrae crudo;
- aumenta la oferta disponible;
- reduce su colchón estratégico;
- deberá recuperar parte de los barriles.
China
- compra menos;
- reduce la demanda internacional;
- consume inventarios acumulados previamente;
- tendrá que volver al mercado cuando decida estabilizar o reconstruir sus existencias.
El escenario más alcista aparecería si coinciden tres condiciones:
- termina el drenaje estadounidense;
- China vuelve a comprar agresivamente;
- Ormuz continúa restringido o vuelve a deteriorarse.
En ese momento desaparecería una fuente de oferta al mismo tiempo que regresaría un gran comprador marginal.
Pero no sabemos cuándo ocurrirá.
China puede prolongar la reducción de compras, mantener una menor actividad de refino o utilizar más inventarios. También puede experimentar una demanda estructuralmente más débil por su desaceleración económica, la electrificación del transporte y la reducción del consumo de diésel.
Por tanto, China es una variable crítica, no una certeza alcista.
El estrecho de Ormuz sigue siendo la variable principal
La liberación de reservas ha podido amortiguar temporalmente el shock, pero no sustituye la producción y las exportaciones del Golfo.
Antes del conflicto, por Ormuz circulaban alrededor de 20 millones de barriles diarios de crudo y productos. Durante la fase más grave, el tránsito se redujo a una fracción de ese volumen.
Posteriormente se produjo una recuperación parcial.
La AIE calculó que las exportaciones totales del Golfo aumentaron hasta unos 16,1 millones de barriles diarios en junio, todavía por debajo de los aproximadamente 24 millones exportados antes de la guerra, incluyendo rutas alternativas.
Esto cambia la interpretación de la SPR.
Si Ormuz recupera un funcionamiento estable:
- aumentará la oferta del Golfo;
- disminuirán los costes de transporte y seguro;
- será más sencillo terminar las liberaciones;
- las devoluciones futuras podrán absorberse sin una gran tensión;
- el efecto alcista de la reconstrucción será limitado.
Si la recuperación se detiene o se revierte:
- desaparecerá la oferta extraordinaria de la SPR;
- las reservas mundiales estarán más reducidas;
- Estados Unidos tendrá menos capacidad para responder;
- China podría verse obligada a regresar al mercado;
- el precio reaccionaría con mayor sensibilidad ante cualquier nueva interrupción.
La situación de Ormuz no es la única variable, pero sí la que puede cambiar con mayor rapidez toda la tesis.
Para profundizar en este riesgo:

Tres escenarios para el petróleo
Escenario 1: Ormuz continúa normalizándose
El tránsito aumenta, se recupera la producción del Golfo y descienden las primas de seguro.
En este escenario, el final de las liberaciones de la SPR sería absorbido por el regreso de la oferta de Oriente Próximo.
La reconstrucción futura de la reserva proporcionaría algo de demanda, pero no impediría necesariamente que el petróleo bajara.
La EIA contempla precisamente una vuelta al exceso de oferta: prevé acumulaciones globales durante el cuarto trimestre de 2026 y en 2027, con presión bajista sobre los precios.
Este es el principal riesgo para la tesis alcista.
Escenario 2: normalización parcial y lenta
Ormuz funciona, pero por debajo de sus niveles anteriores. Persisten los costes de seguro, algunos productores tardan en recuperar capacidad y las reservas mundiales continúan ajustadas.
El drenaje de la SPR termina gradualmente y las devoluciones comienzan más adelante.
En este escenario, el petróleo no tiene por qué dispararse, pero podría conservar un suelo más elevado y una volatilidad superior a la normal.
Es probablemente el escenario en el que la inversión del flujo de la SPR tiene más importancia marginal.
Escenario 3: nueva interrupción y regreso de China
Ormuz vuelve a deteriorarse, los seguros marítimos se encarecen y China regresa al mercado para detener la caída de sus inventarios.
Al mismo tiempo, la SPR estadounidense deja de aportar crudo o se aproxima a un nivel en el que resulta política y técnicamente más difícil continuar extrayendo.
Aquí coincidirían:
- pérdida física de oferta;
- desaparición del flujo de emergencia;
- menor colchón estratégico;
- regreso de demanda china;
- necesidad futura de devolver barriles.
Sería el escenario claramente alcista y el de mayor riesgo para los consumidores.
Qué debe vigilar un inversor
Inventario semanal de la SPR
No basta con observar el nivel total. Hay que vigilar la velocidad de extracción.
Una reducción progresiva del drenaje indicará que el flujo extraordinario está desapareciendo.
Contratos de intercambio
El Departamento de Energía publica las adjudicaciones, las cantidades entregadas, las primas y los calendarios de devolución.
Estos datos permitirán estimar cuándo comenzará la inversión del flujo.
Tránsito por Ormuz
Es la variable física más importante. Deben observarse los cargamentos reales, no solo las declaraciones diplomáticas.
Producción del Golfo
Un petrolero puede atravesar el estrecho, pero eso no significa que toda la producción cerrada se haya recuperado.
Importaciones de China
El regreso sostenido de China al mercado sería más importante que una única semana de compras elevadas.
Inventarios comerciales estadounidenses
Una reducción simultánea de la SPR y de los inventarios comerciales revelaría una tensión mayor que un simple traslado entre depósitos.
Estructura de futuros del Brent
Una backwardation elevada —precios inmediatos superiores a los futuros— suele indicar mayor valor de los barriles disponibles hoy.
Seguros y fletes
La ruta puede estar técnicamente abierta, pero seguir funcionando por debajo de su capacidad si el transporte resulta demasiado peligroso o caro.
Conclusión
La Reserva Estratégica de Estados Unidos no está a punto de vaciarse y su descenso no garantiza una subida del petróleo.
Pero durante varios meses ha ocultado una parte importante de la tensión física del mercado.
La SPR ha suministrado alrededor de 107 millones de barriles desde finales de marzo. En la semana más intensa llegó a aportar un flujo equivalente a 1,42 millones de barriles diarios.
Ese petróleo no procedía de nueva producción. Era inventario acumulado previamente y movilizado para amortiguar una emergencia.
Cuando las liberaciones terminen, el mercado perderá esa fuente extraordinaria de oferta.
Después comenzará la devolución de los intercambios, con primas adicionales en barriles. Parte del petróleo futuro tendrá que dirigirse hacia las cavernas en lugar de llegar al mercado comercial.
La secuencia es sencilla:
Primero deja de salir petróleo de la reserva. Después comienza a regresar.
Pero el efecto final dependerá del contexto.
Si Ormuz se normaliza, la producción mundial se recupera y la demanda continúa débil, el mercado podrá absorber la reconstrucción de la SPR sin grandes tensiones.
Si Ormuz vuelve a deteriorarse y China regresa al mercado cuando Estados Unidos ya no esté aportando barriles, la respuesta del precio puede ser mucho más violenta.
La cifra de 307,65 millones es importante.
Pero lo verdaderamente decisivo no es cuánto petróleo queda almacenado.
Es cuánto puede salir, durante cuánto tiempo y cuándo tendrá que comenzar a volver.

